viernes, 24 de abril de 2015



Acta # 9

Pontificia Universidad Javeriana
Facultades de Ciencias y Teología
Seminario Interdisciplinar sobre “Cerebro, libertad y responsabilidad”

Fecha y Hora: 25 de abril de 2011, 5,30 a 8 p.m.
Lugar: Sala de reuniones, segundo piso del Edificio Arrupe de la Facultad de Teología.

1. Asistentes: 8 personas: Luis Hómer Ángel, Juan Daniel Gómez, José Vicente Vergara, Sergio Adarme, Santiago Arango, P. Wilson Alfonso Mejía, Enrique Vargas, e Iván Federico Mejía. Invitado especial: R. P. Rodolfo Eduardo De Roux G., S. J.

2. Excusas solicitadas: Claudia Milena Adarme, Carlos Corredor, Leonardo Bermúdez, Nina Clavijo, R. P. Rafael Gutiérrez C., S. J.

3. Se solicitó a los presentes leer el acta de la sesión anterior en la página electrónica del Seminario. El Doctor Juan Daniel Gómez dará una revisión de la misma y traerá las recomendaciones que crea conveniente insertar en ella.

4. Se efectuó un sencillo refrigerio pascual.

5. El R. P. Rodolfo Eduardo De Roux Guerrero, S. J., presentó y precisó el texto “El diálogo interdisciplinar entre las Ciencias Naturales y del Hombre, y la Teología. Un aporte de Bernard Lonergan”, que previamente, desde antes de semana santa, se había enviado a los miembros del Seminario, para que pudieran preparar esta sesión.

Rodolfo Eduardo De Roux G., S.J.


Se quiere destacar, como manifiesta el título del documento, algunos aportes principales del autor, Bernard Lonergan, al trabajo interdisciplinar.
El P. De Roux comienza recordándonos algunos aspectos relevantes de la época y del autor, antes de presentarnos su texto. Se debe recordar primeramente el período de estancamiento que experimentaba por entonces el pensamiento teológico, afincado en la neo escolástica como sistema ya hecho, y elaborado sin tener muy en cuenta los avances del mundo de la ciencia. La inquietud de muchos, y de Lonergan, consistían en pensar ¿cómo colaborar para poner la teología católica a la altura de los tiempos? Fue su preocupación, que lo llevó a escribir su primera gran obra, Insight.
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Bernard Lonergan, S.J.
Lo acuciaba desde hacía años una situación: su desconfianza, y la desconfianza del hombre, en las capacidades para obtener un conocimiento (objetivo). Es entonces cuando se produjo su encuentro con el pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

Hacia 1940, cuando estaba preparando un curso para los laicos en Canadá, su país de origen, se produjo en él esa intuición, que desarrolla en Insight, publicada en 1952.
El problema relativo al método ya había quedado esbozado. El estudio y reflexión sobre los problemas del método en teología y su relación con el mundo de la cultura comienzan a fraguarse. Se parte de la comprensión de que la teología es la mediación que se opera entre la fe religiosa y una cultura concreta.

6. Acercándonos al texto propuesto por el P. De Roux, se comienza señalando que la interdisciplinariedad tiene su origen en la complejidad misma de la realidad: nuestra propia complejidad, la del mundo, de quererlo saber todo acerca de todo. No somos un bloque monolítico, ni aún como sociedad, sino multiplicidad de factores y de perspectivas, sobre todo en nuestra civilización actual, tan móvil, que ha llegado a producir que, aún entre personas muy cercanas, “ni yo los entiendo, ni ustedes me entienden” (Alejandro Angulo). Y el mismo conocimiento, propio de cada saber, se va enclaustrando, para sus especialistas.
Dentro de este contexto, se considera la necesidad de “tender puentes” de diálogo, y la forma de hacer operativa la pregunta sobre cómo hacerlo, para el bien de todos. Pareciera que antes que una individualidad, somos una intersubjetividad, un nosotros: una intersubjetividad emocional, que, desde la perspectiva cristiana, ha sido elevada a comunión de los santos y cuerpo místico de Cristo.
Hemos ido desarrollando tres tipos de conocimiento, afirma Lonergan: el del “sentido común”, típico del conocimiento usual y cotidiano; pero existe otro, el conocimiento de eventos e interpretaciones en relación con nosotros mismos en cuanto operadores de esa relación: se trata del “conocimiento de interioridad”: “¿qué hago yo cuando….?” Somos los operadores del mundo humano, y esta condición nos sirve de puente para el diálogo entre saberes. Se trata de una estructura dinámica. El último tipo de conocimiento tiene que ver con la apertura a la trascendencia, a los significados y a los valores.
Este último dinamismo del conocer tiene, pues, dos vectores fundamentales: la apertura a la “realidad” y la apertura “al bien humano”, al valor, o a la moral. Son de trascendencia humana, porque van o suben a la persona más allá. Por el obrar se trasciende en esos dos vectores, crecemos en humanidad. Este trascender es propio de la naturaleza humana, es espontáneo en ella. Y se observa que cuando la persona asciende en esta doble dimensión, la persona sale más de sí misma.
Se trata de una operacionalidad que se articula en sus diversos niveles, el biológico, por ejemplo. La realidad y el valor también. Entremos por el lenguaje en el mundo de la significación, propio del mundo humano, en el mundo del sentido y del valor.
La “autenticidad” es un vivir conforme a nuestros dones de naturaleza, es ir saliendo de nuestra inautenticidad.
Se hace necesario encontrar desde diferentes significaciones humanas un acuerdo, un conocimiento sobre una misma realidad humana compartida por todos. En eso consiste la interdisciplinariedad.
La estructura humana operacional implica conocimiento, valoración, decisión libre, acción responsable. La noción de “conciencia” no es en el sentido de un espejo, sino un hacerme a mí mismo presente ante mí mismo. Soy yo mismo quien testifica acerca de mí.
Somos selectivos ante nuestra capacidad ilimitada, y por eso se requiere la interdisciplinariedad. Existe una correlación entre conocimiento y conciencia. Se requiere intensificar nuestra conciencia.
La labor investigativa depende de los elementos comunes, normas comunes, sistematizaciones y procedimientos, fruto de que asumamos los métodos comunes de cada disciplina intentando responder a significaciones y valores. Se trata de una base común cognitiva: si no nos situamos en el nivel experiencial del valor, el diálogo no llega a realizarse. No sólo es improductivo. Se trata de implementar la relación interpersonal por los caminos de la comunicación y del consenso. ¿Cómo son los procesos cognitivos que se dan al interior de cada una de las profesiones y disciplinas?
De los dos vectores llegamos a nuestra búsqueda de sentido y valor. Por nuestra experiencia operacional y los niveles de realidad. La estructura dinámica se sumerge en las experiencias diversas que suscitan respuestas diversas. El proceso de experiencia en la historia humana muestra diferentes maneras de conocer la realidad y sus respectivos métodos para hacerlo.

Anotaciones e intervenciones:
Problemas para examinar:

1. La neurobiología evolutiva de la conciencia
2. Diferencias entre “lo mental” y “la conciencia”.
3. La complejidad humana: en el nivel psíquico (Lonergan) se articulan y elevan los logros neurales del soma, se transforman en impulsos, afectos, imaginación, memoria, actividad simbólica, etc., y mediante su habilidad de censura positiva, se
transmiten como afectaciones sensoriales, en el sentido de experiencia, para provocar en los niveles ulteriores procesos de otra índole: espiritual o intencional (proyección al otro, proceso operacional inteligente, razonable, responsable) y religiosa.
4. La estructura operacional típicamente humana: realidad personal capaz de conocimiento, valoración, decisión libre, acción responsable, resultado de afectaciones sensoriales y de experiencia interior, en correlación con el entorno, la realidad cósmico-social.
Complementaremos este encuentro del día de hoy con el próximo, dedicado a las “especializaciones funcionales” de Bernard Lonergan, las que éste desarrolla en el capítulo 5° de su obra Método en teología. De este tema, el P. De Roux nos deja su propio ensayo, para que los miembros del Seminario puedan leerlo previamente.

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